Hasta el último segundo.

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-Laura, ¿me ayudas a conseguir la lista?
– ¿Qué lista?
Se pone la mano en el bolsillo, saca un papel un poco arrugado, en el título se podía leer: “Cosas que hacer antes de morirme”
– ¿Y por qué quieres hacer esto ahora?
– No hay tiempo para preguntas, ¿me ayudas o no?
-¿ Qué es lo primero que hay en la lista?
– Dar la vuelta al mundo.
– Y ¿a qué esperas? ¡Vamos!
Se van corriendo, él la sigue a ella, no sabe donde lo lleva, solo sabe que tiene que dar la vuelta al mundo. Ella sonríe, él también lo hace. De pronto se paran, se encuentran en la plaza del pueblo, donde en el medio hay una estatua que en el pico tiene una bola del mundo.
– ¿A qué esperas? ¡Vamos!
Se cojen de la mano y le dan la vuelta al mundo, rodean la estatua, ella feliz y él divertido.
– ¿Qué es lo segundo?
– Volar
Los dos se quedan parados, ella pensando, él esperando su respuesta.
– ¡Ya esta! ¡Corre, sígueme!
La sigue hasta que llegan hasta un barranco a las afueras de la ciudad, y entonces ella se para.
– ¿Estás preparado?
– Estoy preparado
Se ponen el arnés de seguridad, los cascos también los llevan, miran hacia abajo vacilantes, habra unos 70 metros.
– Laura
-¿Qué?
– Dame la mano.
Tres, dos, uno…Saltan al vacío, los dos juntos, cojidos de la mano.
– ¡Ha sido alucinante! No sabía que en este barranco hacian puenting.
– ¡Pues ya lo sabes! ¿El tercero?
-Fumar
La chica sonríe, él siente vergüenza. Están en pleno hinvierno, hace mucho frío y pareze que dentro de unos días nevara.
-¡Sopla!
– ¿Qué sople?
– Sí, igual que cuando quieres empañar el cristal.
Él asiente y sopla, entonces, echa humo por la boca a causa del frío. Los dos ríen ha carcajadas.
– ¿Cuál es el cuarto?
– ¿El cuarto? Ese no hace falta…
– Venga va, hay que hacerlos todos.
– El cuarto y el último es, dar mi primer beso.
Ella agacha la cabeza, él no sabe donde mirar, ella aparta el pelo de su espalda y él no sabe que hacer ya, pero de repente ella da un paso al frente, él levanta la vista, sus miradas se cruzan, y entonces sucede, se juntan sus labios, ya se han cumplido todos sus encargos.
Nadie dice nada, y de repente él musita un Gracias…
– De nada, para eso estamos los amigos. ¿Pero por qué lo querías hacer hoy si o si?
– Mañana dono mi corazón, me he echo donante de órganos y le doy a un niño de mi edad el corazón, él lo necesita más que yo.
Ella se queda callada, sin saber que hacer ni que decir.
– ¿No vas a decir nada al respecto?
– No conozco persona más viva que la que sabe que se muere.

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