CULPABLE

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La valla estaba fría cuando posé mi mano por primera vez, en mi rostro se notaba la tristeza, mis compañeros habían visto más de una lagrimilla caer en mi mejilla, era un hombre, pero no era de hierro. No había luz, todo era gris, no había vida. Yo no podía estar ni un minuto más allí dentro.

Todo empezó hace un par de meses, me encontraba en una sala llena de gente, gente que no había visto en mi vida, gente que ni siquiera me conocía, a un lado tenía a mi abogado y, a otro lado a mi mujer, bueno, ahora ya mi exmujer con su respectivo abogado.

Se oían los típicos “Protesto señoría”, pero yo, yo estaba inmerso en mis pensamientos, la miré de arriba abajo, ¿Cómo podía haber llegado a este punto?

La seguía queriendo como en el primer día, la seguía viendo igual de bella que siempre, la admiraba cada día por como cuidaba de nuestro hijo. Una sonrisa se dibujó en mi cara al recordar cómo nos conocimos, una sonrisa que el juez interpretó como burlona, y solo hizo que las cosas empeorasen.

La volví a mirar, esta vez, como si fuese la última vez que la veía, como si quisiera que la imagen de su rostro, bañado por las lágrimas por la ocasión, quedara marcada en mí, para siempre.

¡Sentencio que el imputado es CULPABLE!

Sí, por eso estoy aquí, por ser el “culpable” de enamorarme de la persona equivocada, por ser el culpable de confiar en quien no debo, por ser el culpable de darme a los demás.

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