A la Espera

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Riiiing, riiiiiing.
-¿Diga?
-¡Qué me pongo! He quedado con él, no se qué ponerme…
-Voy hacia allí, enseguida.

Mientras ella se miraba en el espejo, probandose cada uno de los conjuntos de su armario, pero ninguno le convencía.
Queria impresionarle, que viera a esa mujer que ella ve cada día en el espejo, quería enamorarle.
Llaman a la puerta.

-¡Ya voy!
-¡Hola!
-¡No se que ponerme!
-Espera, no tan rápido señorita, ¡cuenta! ¡Cuenta!
– Vale, hoy me lo he encontrado esperando al autobús, y me ha dicho que desde ma fiesta que está intentando quedar conmigo, que perdió mi numero de móvil y claro no tenía a nadie para pedirselo, y de repente me ha dicho, ¿oye, haces algo hoy? Y entonces, al decirle que no… ¡Pues que pasa a por mí a las nueve!

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-Oscar tío, ¿te haces unas cervecitas?
-Hoy no puedo, he quedado a las nueve…
-Venga tío, antes de las nueve estamos aquí.
-Que no, paso.
-Tío, una cervecita y me cuentas con quien has quedado.
-Venga vale, pero antes de las nueve aquí.

——————————

Nueve menos cuarto, se mira por enésima vez al espejo. Al final, entre ella y su amiga han decidido el vestido se flores, hacía tiempo que no se lo ponía, lo tenía olvidado en el fondo del armario, pero ese vestido aún no ha perdido el aroma.
Por primera vez se ve guapa, se mira al espejo y se guiña un ojo.
Nueve menos cinco, cada vez está más nerviosa se peegunta si él también lo estará.

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-Tío, esto está que lo alucinas…
– Ya ves… ¿Qué es?
– No lo se, tú tomátelo y que no parea fiesta.
– Tío, ¿estás borracho?
– Si, y tu también.

Ríen los dos amigos, y siguen consumiendo.

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Nueve y media, “puede que haya tenido algún problema y venga más tarde” piensa nerviosa.

Diez menos cinco, aunque su paciencia va disminuyendo, ella aguanta en el portal, echando la cortina de vez en cuando para poder observar.
Doce y media, acaba su paciencia, se echa a llorar, la espera se ha echo demasiado larga, hasta las flores que llevaba en la tela de su vestido, se habían marchitado con la espera.

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One response »

  1. Si te fijas bien, lo primero que vemos al asomarnos a la ventana es nuestro propio reflejo. Quizás esa es la prueba de que no deberíamos esperarnos más que a nosotras mismas…

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